Las diferencias entre ser piloto aficionado de drones y ser profesional

Las diferencias entre ser piloto aficionado de drones y ser profesional

¿Cuál es la diferencia entre un piloto aficionado de drones y un profesional? Es una pregunta que últimamente escuchamos mucho. Existe la percepción de que cualquiera puede arrojar un dron en el aire y producir hermosos vídeos. Esto es cierto en parte. Cualquiera puede volar un dron pero, en realidad, de ahí a pensar que hocaer volar un dron es lo mismo que pilotarlo, hay mucha diferencia.

Un piloto de drones aficionado puede tener una competencia básica cuando se trata de volar un avión no tripulado e, incluso, puede ser capaz de producir un contenido bastante atractivo, puede ser un excelente editor. Sin embargo, eso tampoco lo convierte en un piloto profesional de drones.

Volar un avión teledirigido más allá de la línea de visión significa que no puedes ver lo que hay encima, detrás, debajo o a un lado de él. Algo podría chocar contra el dron desde cualquiera de estas direcciones. Siempre existe la posibilidad de estrellarse contra algo en cualquier dirección. Es más, siempre existe la posibildiad de acabar dañando a personas o propiedades. Incluso, desconociéndolo, un piloto aficionado puede llegar a ocupar el espacio aéreo restringido y causar causado un peligro a otros usuarios del espacio aéreo. Las responsabilidades de un piloto profesional van mucho más allá de conseguir hacer volar un aparato y conseguir tomas bonitas.

Creo que hemos ilustrado perfectamente la gran diferencia entre un aficionado y un profesional. Los pilotos de drones con la formación adecuada pasan por meses de entrenamiento y práctica para conseguir culminar su preparación. Son mucho más conscientes de los riesgos que conlleva volar un dron y son mucho más capaces de juzgar si es apropiado o seguro realizar un vuelo. También serán más conocedores de la ley que regula el uso de aeronaves no tripuladas y contarán con más experiencia para determinar en qué tipo de espacio aéreo se encuentran, además de ser más expertos en el uso de las plataformas en las que operan, produciendo resultados mucho mejores que los que pueda ofrecer un aficionado.

El uso recreativo de drones en algo fantástico como forma de ocupar el tiempo libre y, tal vez, como iniciación a lo que, después de obtener la formación adecuada, acabe siendo una profesión. De eso no cabe la menor duda. Pero utilizar a un aficionado para labores que requieran una formación específica no es seguro, no es legal y, además, puede llegar a ocasionar daños masivos a la reputación de la empresa si ocurriera un accidente. Si crees que contratar a un profesional resulta caro, más caro resulta contratar a un aficionado. 

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